HistoriaNúmero 2

José María Otero Navascués: Fundador de la metrología española en el siglo XX

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Carlos Pérez Fernández-Turégano
Universidad CEU San Pablo

Fiel continuador de la labor desarrollada por Carlos Ibáñez de Ibero, marqués de Mulhacén, a finales del siglo XIX, puede considerarse a José María Otero Navascués, eminente marino y científico, como el verdadero precursor de la ciencia metrológica en la España de la segunda mitad del siglo XX. Con la inestimable ayuda de Leonardo Villena, su iniciativa personal dio lugar a los primeros estudios e investigaciones en este campo casi desconocido en España en el Centro Metrofísico con sede en el Consejo Nacional de Física. Sin embargo, las estrecheces económicas de la posguerra y la falta de interés de las autoridades españolas del momento provocaron su cierre en pocos años. Esto no impidió, sin embargo, su ascenso a la presidencia del más alto organismo internacional en la materia: el Comité Internacional de Pesas y Medidas, que ocuparía durante siete años (1968-1975).

Following on from the work developed by Carlos Ibáñez de Ibero, marquis of Mulhacén, at the second of the 19th century José María Otero Navascués, eminent navy officer and scientist, is considered the true pioneer of metrological science in Spain during the second half of the 20th century. Owing to his own initiative, with the priceless help of Leonardo Villena the first studies and research began to take place in a field hitherto unknown in Spain in the Centre of Metrophysics located in the National Physics Centre. However, economic difficulties corresponding to the post civil war period and the lack of interest of the Spanish authorities of the day brought about its closure within a few years. Nevertheless, this fact did not prevent him from rising to the presidency of the highest and most prestigious international organism in the field: the International Committee of Weights and Measures, which he would hold for a period of seven years (1968-1975).

Breve semblanza personal y profesional de Otero Navascués

José María Otero Navascués Enríquez de la Sota (Madrid, 1907-1983) fue uno de los más ilustres y distinguidos científicos españoles en el siglo XX. Siguiendo una inveterada tradición familiar de vinculación a la institución militar, y tras sus estudios en el madrileño Colegio de San Miguel, ingresó en la Academia de Artillería de la Armada (Cádiz) en 1922 para seguir los estudios de ingeniero de Artillería de la Armada. La elección de este Cuerpo no fue casual, pues quiso armonizar la carrera militar con su temprana vocación científica, optando así por unos estudios en los que las matemáticas y la física eran parte esencial. Tras cinco años en la Academia, concluyó como número uno de su promoción y con el grado de teniente de Artillería de la Armada.

En los años siguientes ocupó diferentes destinos en varios centros y servicios de Artillería: Reinosa, Madrid, Oviedo y Cartagena. Desde 1929 a 1933 fue comisionado a Zürich y Jena para completar su formación. Fue este el momento en el que decidió orientar sus estudios hacia el campo de la Óptica, abandonado su primitivo interés por todo lo relacionado con la metalurgia. A su regreso a España fue destinado a los Servicios Técnico-Industriales de Artillería del Ministerio de Marina, con sede en Madrid.

Durante uno de sus viajes en comisión de servicios al Arsenal de Cartagena le sorprendió el inicio de la Guerra Civil española. Refugiado en la Embajada danesa en Madrid durante casi dos años, a principios de 1938 logró escapar en dirección a El Ferrol. Finalizada la contienda, y ya con el grado de capitán de Artillería, fue destinado otra vez a Madrid. Tras contraer matrimonio en agosto de 1939, su viaje de novios se vio alterado durante su estancia en Alemania por el comienzo de otra conflagración armada: la Segunda Guerra Mundial.

De vuelta a España, se inicia ahora la meteórica carrera de Otero Navascués como gran científico y mejor gestor en la España de la segunda mitad del siglo XX. Su inteligencia, capacidad de trabajo, conocimiento de idiomas y su habilidad para saber rodearse siempre de los mejores colaboradores le llevaron a destacar en varias ramas de la Ciencia: la Óptica, la Energía Nuclear y, por supuesto, la Metrología.

Simultáneamente a su labor durante once años (1944-1955), primero como subdirector y más tarde como director del Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada (LTIEMA), Otero centró su labor profesional tanto en el Instituto de Óptica “Daza de Valdés” como en la Junta de Energía Nuclear. Del primero fue director durante casi veinte años, de 1946 a 1966. Ya antes había protagonizado, junto con Armando Durán Miranda, el descubrimiento del fenómeno de la miopía nocturna, de enorme trascendencia en el futuro. El impulso que Otero dio a la ciencia óptica en España en aquellos años fue fruto de un enorme trabajo de investigación y de dirección, en el que también destacaron el citado Durán y Leonardo Villena. Igualmente, el grado de internacionalización que Otero siempre quiso dar a la labor de cuantos integraban el “Daza de Valdés” contribuyó asimismo al éxito internacional de los trabajos que allí se desarrollaban.

En cuanto a la energía nuclear, quizás fuera el campo científico en el que más destacó Otero Navascués. En este caso, tanto por sus investigaciones en la materia, como sobre todo, por la acertada gestión que hizo de los escasos recursos de los que dispuso para incluir a España en el elenco de naciones que se iniciaban en el uso pacífico de la energía nuclear. La presidencia de la Junta de Energía Nuclear, que Otero ejerció desde 1958 hasta 1974, fue enormemente prolífica, pues durante este período se pusieron en marcha en suelo español las primeras centrales nucleares, y España tuvo acceso como miembro de pleno derecho a los más altos organismos internacionales en el campo de la energía nuclear, caso del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) o del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Sin embargo, no fueron estos dos ámbitos tan importantes para el desarrollo científico de una nación el objetivo exclusivo de los desvelos personales y profesionales de Otero Navascués, a la sazón académico de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

El desarrollo de la ciencia metrológica en la España de la posguerra

Otro de los campos científicos hasta entonces casi inexplorados en España era el de la metrología, ciencia encargada del estudio de los diferentes sistemas de pesos y medidas. Quizás sus trabajos en Óptica le convencieron de la imperiosa necesidad de iniciar en España las investigaciones en el campo de la metrología, por un lado, y de dar entrada a los todavía inexpertos metrólogos españoles en el Comité Internacional de Pesos y Medidas, por otro. Todo ello en beneficio de ampliar su aún escasa formación en la materia y de acrecentar el peso de España en los círculos científicos internacionales.

Hasta entonces todos los intentos de unificar el sistema de pesos y medidas en España habían sido en vano. Se pueden citar algunas disposiciones legales sancionadas por distintos monarcas españoles, tanto en la Edad Media como Moderna, cuyo propósito era acabar con la diversidad y complejidad de pesos y medidas existente1. Situación que, por cierto, también se producía en el resto de Europa. Por ello, la solución al problema tuvo también que ser europea.

Introducido definitivamente en España el sistema métrico decimal por ley de 19 de julio de 1849, que sancionaba la Ley de Pesas y medidas, fue convocada en 1867 en Berlín la Conferencia Geodésica Internacional, presidida por el español Carlos Ibáñez de Ibero, marqués de Mulhacén. Allí se sentaron las bases para la adopción de una convención del metro que fuera unánimemente aceptada por todas las naciones. Tres años después se reunió en París un primer Comité Internacional con asistencia de quince países, entre ellos España. En 1872, una nueva reunión de este Comité, también en la capital gala y ya con veintiséis naciones representadas, propuso a las autoridades francesas, a iniciativa de Ibáñez de Ibero, que convocaran una conferencia diplomática sobre el metro.

Dicha conferencia tuvo lugar en París en mayo de 1875. Allí fue firmada la denominada convención del Metro, que dispuso la creación de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM), organización intergubernamental bajo la autoridad de la Conferencia General de Pesas y Medidas (CGPM) y la supervisión del Comité Internacional de Pesas y Medidas (CIPM). La presidencia de este último recayó, como premio a su labor, en Ibáñez de Ibero. En las décadas siguientes la labor del BIPM se centró en la fabricación de nuevos prototipos del metro y del kilogramo y en el desarrollo de nuevas unidades de medición.

En España, mientras tanto, los intentos de Leonardo Torres Quevedo y Blas Cabrera, los dos miembros del CIPM, por impulsar en España las investigaciones de Metrología no dieron los frutos por ellos deseados. No había ni condiciones ni disposición política alguna en ese sentido.

No fue hasta la finalización de la Guerra Civil, y gracias a la personalidad científica de Otero Navascués, cuando se retomaron, o iniciaron, los estudios e investigaciones metrológicas en España. Aplicó a esta tarea el mismo espíritu de trabajo que le era propio y que tan excelentes resultados le había dado en su todavía corta vida profesional. Sacando tiempo de donde no lo tenía, y con la generosa colaboración de Leonardo Villena, se propuso poner a la ciencia metrológica española al mismo nivel que la internacional. Era imprescindible, para conseguir este objetivo, disponer de un centro o lugar físico donde llevar a cabo los trabajos previstos y, consecuentemente, contar también con un grupo de jóvenes científicos dispuestos a embarcarse en una tarea nada fácil pero a la vez muy tentadora: convertirse en los pioneros de la Metrología en España.

Creado en 1949 el Consejo Nacional de Física inserto en la estructura del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y nombrado Otero su presidente dos años más tarde, quiso aprovechar sus instalaciones como lugar desde el que coordinar a diversos organismos como el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) o la propia Junta de Energía Nuclear con el fin impulsar los estudios de calibración en España. Parecía en esos primeros momentos que las autoridades se interesaban por el tema; de ahí el nombramiento de Otero como Vocal de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas:

“El número creciente de magnitudes físicas que el progreso científico ha venido haciendo intervenir en las nuevas unidades técnicas usadas en la industria y el comercio, dio lugar a que las disposiciones legales que regulan la Comisión Permanente de Pesas y Medidas estableciesen la incorporación a ella de determinadas representaciones de los órganos oficiales en la correspondiente competencia científica. Siendo conveniente esta incorporación en cuanto se refiere a las unidades ópticas. Vengo en nombrar Vocal de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas a don José María Otero Navascués, Director del Instituto de Óptica «Daza de Valdés». Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a veinticuatro de julio de mil novecientos cincuenta y tres. Francisco Franco. El Ministro Subsecretario de la Presidencia. Luis Carrero Blanco”.2

Un año antes de este nombramiento Otero ya había obtenido un primer reconocimiento institucional en el extranjero al ser designado miembro del Comité Consultivo de Fotometría del CIPM. Los Comités Consultivos eran, y son, los organismos especializados encargados del estudio, análisis y asesoramiento al CIPM en la materia de su respectiva competencia. Su composición era muy variada, pero por regla general formaban parte de estos Comités algunos miembros de lo organismos nacionales análogos y expertos de reconocida experiencia y prestigio a nivel internacional.

En 1954 asistió Otero a su primera reunión del CIPM, celebrada en París desde el 28 de septiembre hasta el 14 de octubre. El presidente, J. E. Sears, del National Physical Laboratory, dio la bienvenida a los nuevos vocales, entre ellos a Otero, quien desde el primer momento intervino activamente proponiendo que se adoptase una decisión sobre la necesidad de conservar o modificar la definición de la unidad de longitud. En esa misma reunión, ante la dimisión de Mr. Crittenden, fue designado nuevo presidente del Comité Consultivo de Fotometría. La propuesta fue realizada por Volet y admitida sin problemas. 3

Paralelamente, Otero y Leonardo Villena presentaron un proyecto para construir en España ese gran centro metrofísico que trataría de aprovechar las capacidades de calibración y ensayo que podían aportar diferentes institutos ya existentes. Según relata Villena, fue Otero quien logró que se aprobara el proyecto y que fuera nombrado director el mismo Villena. Sin embargo, se encontrarían con un problema fundamental: la financiación, que nunca llegó. Ni siquiera la Comisión Permanente de Pesas y Medidas respondió a las peticiones de ayuda material y económica que se le hicieron en ese sentido, y el propio CSIC rechazó las demandas monetarias de Villena, unas 180.000 pesetas para reparación de diverso instrumental, con la siguiente frase: “Hay dinero para investigación, no para metrología”.

Esto no desanimó en absoluto a Otero Navascués, quien envió a Villena entre 1954 y 1956 a visitar diferentes instalaciones metrológicas en el extranjero: el National Physical Laboratory en Teddington, el Physikalisch- Technische Bundesanstal en Braunschweig y la sede del BIPM en Francia. Al mismo tiempo, consiguió financiación para elaborar en el Instituto de Óptica “Daza de Valdés” un patrón óptico del metro según el modelo canadiense. Las resistencias iniciales fueron vencidas por Otero, y se consiguió con mucho esfuerzo y trabajo este patrón, auténtico hito para la Metrología española.

No obstante, y a pesar de este éxito, no hubo más dinero para Metrología en España, ni interés alguno en su desarrollo, por lo que muy a su pesar, Otero y Villena se vieron obligados en 1958 a cerrar la “división” metrológica que había funcionado en nuestro país durante esos años.

El trabajo y participación de Otero en el CIPM no se resintió lo más mínimo pese a este revés en suelo nacional. Muy al contrario, la asistencia a sus sesiones era siempre obligada para él, convirtiéndose en uno de los protagonistas más eficientes en propuestas de trabajo y mejora de las investigaciones. Así, en la reunión celebrada del 1 al 6 de octubre de 1956, y en calidad también de presidente de la Comisión de Trabajo del CIPM (había otra Comisión administrativa), se trató el proyecto de comenzar una definición de la unidad de tiempo, el segundo, constituyendo con este fin el nuevo Comité Consultivo para la Definición del Segundo. Danjon sería designado presidente de este Comité formado por representantes de ocho laboratorios nacionales, ocho observatorios especializados, dos organismos internacionales y tres expertos elegidos nominalmente. Con la intención de vincular a científicos españoles a organismos internacionales, logró que un miembro del LTIEMA ingresara en el Comité recién constituido.

En la misma reunión de 1956, y en las sesiones del Comité Consultivo de Fotometría, manifestó como propuesta futura de trabajo la posibilidad de abordar un cambio de los valores convencionales de la eficiencia luminosa relativa para el ojo medio, que habían sido adoptados por el Comité en 1933 con el nombre de “curva de visibilidad”. Su iniciativa fue objeto de una intensa discusión, fijándose la adopción de una decisión futura al respecto para la reunión prevista para el año siguiente.

En su viaje en 1957 a Sévres, sede de las reuniones del CIPM, Otero fue acompañado del por entonces vicedirector del “Daza de Valdés”, Lorenzo Plaza. Allí se trataron asuntos como los trabajos realizados sobre el patrón primario, las medidas sobre los patrones de flujo y la unificación de las unidades fotométricas. Al finalizar las sesiones del Comité Consultivo de Fotometría, concluía Otero afirmando que, dados los resultados tan opuestos a los que se había llegado, “parecía difícil llegar a un acuerdo sobre la cuestión de la unificación de las unidades”.

Otero asiste también en 1958 a la 47ª sesión del CIPM, celebrada desde el 29 de septiembre hasta el 3 de octubre. Allí se decide ampliar su estructura con la creación del Comité Consultivo para los patrones de Medida de las Radiaciones Ionizantes. En la siguiente reunión, que se celebró dos años más tarde, en 1960, se discutieron, entre otros asuntos de índole científica, dos cuestiones que afectaban más a la actividad del BIPM. El primero fue el relativo al sueldo de sus miembros, asunto respecto del cual el presidente señaló que “… les salaires actuels du Bureau International sont comparables à ceux de l`Université en France. Sobre este punto Otero propuso equipararlos a los sueldos que se pagaba nen otros organismos internacionales de similares características, como el CERN o la Comunidad Europea para la Energía Atómica (EURATOM). El otro asunto fue el de los idiomas oficiales a utilizar en el Comité. Como no podía ser de otra manera, Otero manifestó su deseo de que pasara a usarse también el español, moción que hizo en nombre de los países de esta lengua. No obstante, en caso de no admitirse, su opinión fue muy clara: el francés debía ser la lengua oficial del CIPM.

Conviene recordar ahora que en 1960 se aprobó en la Conferencia General de Pesas y Medidas, también reunida en Sèvres (París), la actual denominación de Sistema Internacional de Unidades (SI), que pasó a estar formado por siete unidades básicas: metro, kilogramo, segundo, amperio, kelvin, mol y candela.

En los años posteriores, las intervenciones de Otero en las reuniones, bien del CIPM, bien del Comité Consultivo de Fotometría, se centraron en el trabajo y debates desarrollados por este Comité que todavía presidía. Así, en 1961, retomaba el plan de trabajo sobre el patrón primario (cuerpo negro) que hasta entonces no permitía conseguir la precisión deseada tras las investigaciones llevadas a cabo en diferentes laboratorios nacionales, y proponía otra vez la revisión de los valores aprobados en 1933. En efecto, en 1962, y con la presencia de nuevo de Lorenzo Plaza como miembro del Comité de Fotometría, se discutieron los trabajos que sobre Radiometría absoluta y el patrón primario de luz habían realizado laboratorios como el National Bureau of Standards, de EE.UU.; el Institut de Métrologie D.I. Mendéléev, de la Unión Soviética, o el National Research Council canadiense.

Durante la reunión de octubre del CIPM, Otero intervenía para explicar de la siguiente manera el informe presentado por el Comité Consultivo de Fotometría:

“El señor Otero comenta el informe del Comité Consultivo de Fotometría, y en especial los resultados de a cuarta comparación de los patrones nacionales de intensidad y de flujo luminoso, y señala la creación de un Grupo de trabajo encargado de estudiar las determinaciones absolutas del patrón primario. Se llama la atención del Comité sobre la Recomendación 4 que tiene la particularidad de aligerar algo el trabajo pedido a la Oficina Internacional, limitándolo a los patrones fotométricos más importantes”.

En concreto, sobre la cuestión del patrón primario, señalaba Otero que se habían encontrado algunos errores imprevistos en su realización, creía conveniente discutir sobre las posibilidades de mejora que existían en ese momento, y pedía a los laboratorios nacionales que habían reelaborado recientemente el cuerpo negro que expusiesen los resultados concretos de sus trabajos.

Los trabajos de Otero en el Comité Consultivo de Fotometría y su ya enorme prestigio científico internacional debieron contribuir a su nombramiento en 1964 como vicepresidente del CIPM. El 13 de octubre se celebra una votación secreta en la que Otero recibe nueve de los quince votos emitidos. Presidido por L. E. Howlett, director de la Division de Physique Appliquée del Conseil National de Recherches canadiense, el CIPM estaba compuesto por entonces por un total de siete Comités Consultivos: Electricidad, creado en 1927; Fotometría, en 1933; Termometría, 1937; Definición del Metro, 1952; Definición del Segundo, 1956; Patrones de Medida de Radiaciones Ionizantes, 1958, y Unidades, creado ese mismo año de 1964.

Este año Otero pasó a presidir también la comisión de trabajo constituida para estudiar la definición física del segundo, tarea en la que según Villena implicó activamente al Instituto y Observatorio de Marina de San Fernando (Cádiz).

En 1965 Otero Navascués volvía a conducir la reunión del Comité Consultivo de Fotometría a la que también acudió Lorenzo Plaza. Se presentaron y discutieron diversos informes sobre el patrón primario, patrones de flujos luminosos y radiometría absoluta. Sobre el primer punto, en el que el Comité llevaba ya trabajando varios años, se expuso un resumen de la labor del grupo de trabajo creado para estudiar el patrón primario fotométrico. Este informe no aportó nada nuevo pues, como se recoge en las actas de esta reunión, allí se concluyó que las “… diversas correcciones realizadas sobre el cuerpo negro casi no han mejorado la concordancia entre los laboratorios nacionales”.

Sobre diversos asuntos relacionados con la fotometría presentó un amplísimo informe José María Otero en la reunión del CIPM desarrollada entre los días 4 y 6 de octubre de 1966. En un primer momento, llamó la atención sobre el hecho de que la diferencia máxima entre los patrones representativos de la candela logrados por varios laboratorios nacionales alcanzaba casi el 2%, siendo deseable reducir esa diferencia al 0,5%. En ese sentido, anunciaba la creación de una pequeña comisión dentro del Comité Consultivo de Fotometría para proponer al Comité Consultivo de Unidades, a petición de éste último, una redacción corregida de la definición de la candela. También informó de la constitución de otro grupo de trabajo sobre radiometría, ante la necesidad imperiosa de impulsar las investigaciones en el campo de la medida absoluta de la irradiación:

“Un Grupo de trabajo de la radiometría ha decidido ya hacer medidas comparativas internacionales de iluminación energética. Dos métodos eran factibles: la distribución de receptores o la distribución de fuentes de irradiación. Esta segunda solución fue la escogida por el N.P.L. encargado de realizar la comparación. Se prepararon y se repartieron lámparas. Los resultados preliminares fueron considerados como buenos. El Grupo de trabajo se reunió en Moscú y consideró la continuación del trabajo”.

El extenso informe leído por Otero en esta reunión concluía sugiriendo una reorientación del trabajo del Comité Consultivo de Fotometría que, en su opinión, no debía ya limitarse a la definición y a los patrones de la unidad fotométrica de base o de sus unidades derivadas. Las nuevas técnicas aconsejaban el uso generalizado de métodos físicos de medida del reparto espectral de la irradiación, comunes tanto a la fotometría como a la colorimetría. Esto justificaba la autorización que el CIPM había concedido un año antes al Comité por él presidido para ocuparse de algunos aspectos de la colorimetría relacionados con la fotometría.

Otero, presidente del Comité Internacional de Pesas y Medidas

Después de ser reelegidos en 1967 Howlett y Otero como presidente y vicepresidente, respectivamente, del CIPM, este organismo celebró en 1968 una reunión trascendental para la carrera profesional de Otero Navascués y, en consecuencia, para la Metrología española. A las 10,00 horas del 15 de octubre de 1968 se iniciaba la sesión correspondiente de la Comisión Administrativa del CIPM de la que también formaba parte Otero. Éste, no consciente todavía del honor que le iba a corresponder minutos más tarde, mostraba su preocupación por el excesivo gasto producido en los últimos años por la contratación de jóvenes físicos. Así, informaba que el capítulo de gastos de personal y de funcionamiento del CIPM alcanzaba ya el 60% del total del presupuesto.

Sin embargo, minutos más tarde tomaba la palabra el presidente Howlett para comunicar su jubilación y, por tanto, su cese como director de la Division de Physique Appliquée del Conseil National de Recherches. En consecuencia, consideraba que su deber era dimitir también como presidente del CIPM. Otero intervino a continuación para expresar el pesar de todos los presentes por esta decisión y agradecer a Howlett los servicios prestados como presidente. El miembro más antiguo, el senor De Boer, asumió de forma provisional la presidencia para convocar inmediatamente una votación, como siempre secreta, en la que Otero Navascués salió elegido nuevo presidente del CIPM por práctica unanimidad (sólo un voto fue a parar a Dunworth, quien fue nombrado vicepresidente).

Toda la prensa, tanto nacional como internacional, se hizo eco de este nombramiento. A título de ejemplo, se recoge la noticia tal y como apareció en el Diario ABC tres días después:

“Otero Navascués, Presidente del Comité Internacional de Pesas y Medidas. Madrid 17. Ha sido elegido por unanimidad presidente del Comité Internacional de Pesas y Medidas el profesor don José María Otero Navascués, marqués de Hermosilla. El Comité Internacional es el máximo organismo internacional encargado de fijar los patrones y unidades de medida de las diversas magnitudes físicas. El Comité Internacional actualmente está formado por dieciocho personalidades relevantes de la ciencia. El profesor Otero Navascués nació en Madrid en 1907 e ingresó con el número uno en la Academia de Artillería de la Armada. Es doctor «honoris causa» por las Universidades de Lovaina, Valencia y Rouen; presidente de la Real Sociedad de Física y Química; presidente de la Sociedad Europea de Energía Atómica y presidente del organismo europeo de energía nuclear de la OCDE. Es, igualmente, presidente de la Junta de Energía Nuclear y miembro de numerosos consejos de investigación”.4

Otero Navascués, marqués de Hermosilla, fue así el segundo español con tal condición nobiliaria que accedía a la presidencia del CIPM. Desde tan alta posición intentó de nuevo implicar a las autoridades españolas en el desarrollo de la metrología teórica y experimental en España. Cuenta Villena el encargo recibido de Otero de realizar un inventario de las capacidades metrológicas de los diferentes centros e institutos de investigación españoles. Las evidentes posibilidades de crecimiento en esta rama científica que el informe de Villena dejaba traslucir llevaron a que Otero propusiera una unión o federación de los citados centros e institutos para así poder contar con una red de laboratorios de calibración que se estimaba esencial en esos momentos. Además, este informe coincidió con el elaborado por el profesor Vieweg, el más importante experto alemán en metrología, quien fue invitado por Otero para visitar nuestras instalaciones y aportar sus sugerencias al respecto. No obstante todo lo anterior, una vez más se topó Otero con la cerrazón de la Administración. En palabras de Villena, “el magnífico informe queda archivado porque no hay espíritu de cambio e innovación”.

Otero presidiendo reunión del CIPM

Otero no fue nunca hombre de darse por vencido ante las adversidades. Por ello, ante el silencio de la Administración, consiguió al menos que varios físicos y ópticos españoles pudieran desarrollar sus conocimientos y habilidades científicas en el extranjero. Logró que algunos de ellos ingresaran como miembros de los diferentes Comités Consultivos del CIPM, obteniendo una representación equiparable a la de las naciones más avanzadas en metrología: Lorenzo Plaza se mantuvo en el de Fotometría; Colomina entró en el de Termometría; Villena en el de Unidades, y Granados en el de Radiaciones Ionizantes.

La primera actuación de Otero al frente del CIPM fue la visita realizada al Instituto de Metrología Mendeleev, sito en Leningrado, con ocasión del 75 aniversario de su creación. Los pormenores de esta visita, realizada en el mes de noviembre de 1968, fueron recogidos por Otero en un artículo que envió en enero del año siguiente a la revista Arbor con el título de “Un viaje científico a la Unión Soviética”.5 Dejando a un lado sus consideraciones sobre la sociedad y política soviética del momento, son de destacar sus observaciones, casi siempre positivas, acerca del desarrollo en la URSS de la Ciencia en general y de la Metrología en particular. Sobre el Instituto Mendeleev señala que le causó “una impresión excelente”; no podía ser de otra forma cuando contaba que trabajaban en este centro casi 3.000 personas, un tercio de las cuales estaba dedicado en exclusiva a las investigaciones metrológicas. Con una edad media de 45 años, que estimaba perfecta para ser un buen metrólogo, su sueldo era muy elevado en comparación con el sueldo medio de la Unión Soviética. Esta era una prueba más del interés de las autoridades soviéticas por el desarrollo de los diferentes campos de la Ciencia.

Le llamó poderosamente la atención a Otero que en el Instituto Mendeleev no se dejara casi una sola parcela metrológica por investigar: “Tocan todos los temas de la Metrología de Precisión, de la Metrotecnia (es decir, dando servicio a la industria), y de la calibración de prototipos de aparatos de pesar y medir, dando a estos conceptos su valor más amplio, esto es, desde el control de balanzas, básculas, termómetros, contadores eléctricos, manómetros, etc., hasta la calibración de radioisótopos, medidas acústicas, fotométricas, radar, laser, etc.”. La misma inmejorable impresión se llevó Otero de su visita al Instituto de Física de Altas Energías de Serpukhov, que contaba con el acelerador de partículas más potente del mundo, y al Instituto Kurtchatov, uno de los más importantes centros de investigación nuclear de la Unión Soviética.

En la primera reunión del CIPM presidida por Otero, la celebrada del 7 al 9 de octubre de 1969, abandonó la dirección del Comité Consultivo de Fotometría, cuya presidencia recayó en Maréchal, pero asumió la del Comité para la Definición del Metro. La primera reunión de este Comité bajo su presidencia se llevó a cabo los días 14, 15 y 16 de septiembre de 1970.

Unos días después se celebró la 59ª sesión del CIPM. En ella Otero presentó un informe en el que abogaba por desburocratizar el funcionamiento del BIPM y potenciar su finalidad investigadora: “El Comité reafirma por unanimidad que la Oficina Internacional no debe limitarse a acciones de coordinación internacional de naturaleza burocrática; debe por el contrario poseer excelentes físicos y darles la posibilidad de realizar investigaciones interesantes elegidas en la metrología de base y que no necesiten equipamientos muy caros”. En este sentido, se aprobó que todos los miembros del CIPM intentaran convencer a sus respectivos gobiernos de la excelencia del programa propuesto, basado en la investigación práctica, para que así aumentasen y mantuviesen sus aportaciones económicas en un 2,8% anual. Para ratificar con hechos el programa de trabajo aprobado, el propio Otero, ahora en su calidad de presidente del Comité Consultivo para la Definición del Metro, hizo partícipes a los presentes de los trabajos desarrollados por este Comité en el último año, que se habían centrado en los siguientes asuntos: radiación del kripton 86 y la definición del metro, radiaciones de patrones secundarios de longitud de onda recomendadas por el CIPM, otras radiaciones análogas, láseres utilizados en metrología, medidas comparativas internacionales de longitud, etc.

El trabajo desarrollado por los diferentes miembros del CIPM conforme a la nueva orientación, eminentemente empírica y funcional, comenzó a dar sus frutos muy pronto. En la 60 reunión Otero felicitó en público al señor Terrien, que acabada de ser premiado por la Academia de las Ciencias de París por sus investigaciones relacionadas con la nueva definición del metro, y al señor Sakuma, por los premios recibidos de esta Academia y de la Sociedad Francesa de Física por sus trabajos en gravimetría.

En 1972 comenzaron los preparativos en el CIPM, a tres años vista, de la celebración del centenario de la Convención del Metro, que había tenido lugar en 1875. Por ello, Otero propuso solicitar del Gobierno francés que acogiera la conmemoración de este centenario en su capital. Por otro lado, se discutió una cuestión que afectaba directamente a España y, por tanto, a Otero. Al parecer, tras aprobarse el folleto que recogía el Sistema Internacional de Unidades (SI), se había procedido a su traducción a varias lenguas, entre ellas al español. Algunos miembros del Comité Consultivo de Unidades habían realizado objeciones al folleto español, pues no coincidía la traducción española con la internacional; por ejemplo, en España se hablaba de “voltio” cuando se debería escribir “volt.”. Otero, conocedor del asunto, señaló que ésta había sido una cuestión muy debatida en el seno de la academia española correspondiente; que se intentaría en un futuro no modificar los nombres adoptados a nivel internacional, pero que para los que ya venían utilizándose desde hacía tiempo, y estaban consagrados por la tradición popular, la rectificación iba ser poco menos que imposible.

Reunión del CIPM el 2 de octubre de 1973

A partir de 1973 comenzó Otero a sufrir los primeros problemas serios de salud que terminaron por afectar, muy a su pesar, a su trabajo, tanto en España como en el extranjero. Así, no pudo presidir en junio de ese año la reunión del Comité Consultivo para la Definición del Metro, siendo sustituido por U. Stille. Sí pudo desplazarse a París en octubre para la 62ª sesión del CIPM, en la que se fueron ultimando los preparativos para el centenario de la convención del Metro a celebrar sólo dos años después. Se informó de la constitución de una Comisión a tal efecto, y de que los actos serían organizados conjuntamente por el Gobierno francés a través de un servicio especializado del Ministerio de Asuntos Extranjeros, el CIPM y la Oficina o Bureau Internacional de Pesas y Medidas. En relación con esto, uno de los miembros del Comité, Stulla-Götz, denunció el reducido número de Estados representados en el CIPM, a pesar de contar casi con una historia centenaria. Lo comparó con la Agencia Internacional de la EnergíaAtómica, de reciente creación, y que contaba ya con 105 Estados miembros. A esta denuncia respondió Otero que no se trataba de aumentar por aumentar el número de países miembros del Comité, sino de que estuvieran representados aquellos realmente interesados en los trabajos en Metrología. Sería absurdo, señaló, incluir a países en vías de desarrollo cuyo nivel científico era todavía muy deficiente.

Esta fue la última reunión del CIPM a la que pudo acudir Otero. En 1974, aun figurando como presidente, no asistió. Dunworth, vicepresidente en aquellos momentos, había hablado con Otero días antes, recibiendo de éste el encargo de disculpar su ausencia y de dirigir los trabajos de esa sesión. Se decidió por el Comité enviar al presidente ausente un telegrama de simpatía. Tampoco pudo estar presente en 1975 en la XV Conferencia General, durante la cual se celebró el centenario de la Convención del Metro, que él había ayudado a preparar, ni tampoco en la 64ª sesión del CIPM, que se desarrolló del 26 de mayo al 2 de junio en París. Consciente de su cada vez más deteriorada salud, Otero presentó también su dimisión como presidente del CIPM, siendo elegido su sustituto, el hasta ahora vicepresidente Dunworth. Otero envió a través del almirante Orte una de las tres llaves que permitían abrir la caja fuerte de los prototipos de platino, y cuya custodia le correspondía hasta entonces como presidente.

Cinco años después, en la 69ª sesión del CIPM, el presidente informaba a todos los presentes que el expresidente José María Otero llevaba una vida tranquila en Madrid a pesar de estar aquejado por una enfermedad desde hacía varios años. En reconocimiento a sus trabajos y desvelos en la Oficina y Comité Internacional de Pesas y Medidas se propuso su nombramiento como miembro honorario. Esta moción de Dunworth fue aprobada de manera general, comprometiéndose el presidente a escribirle a Madrid para hacer partícipe a Otero de la decisión del Comité.

La última noticia que tuvieron los miembros del CIPM acerca de Otero fue la de su fallecimiento, comunicada de palabra por su presidente en la apertura de las sesiones de trabajo el día 13 de octubre de 1983. Se observó un minuto de silencio en su memoria y en recuerdo de N. A. Esserman, miembro del CIPM también fallecido ese año.

Conclusiones

Quienes mejor han resumido la labor de Otero en sus diferentes responsabilidades en el CIPM han sido sus más cercanos colaboradores en esta tarea. Orte Lledó describía así la participación de Otero en los siguientes hitos conseguidos por este organismo durante aquellos años: “Publicación sobre el Sistema Internacional de Unidades. Definición de la Escala Termodinámica de Temperatura. Definición de la Atmósfera Normal. Definición de la Unidad de Tiempo de Efemérides. Establecimiento del Sistema Internacional de Unidades. Definición del Metro mediante la longitud de onda del kripton 86. Definición de la Unidad de Tiempo SI (segundo) mediante la transición del cesio 133. Definición del mol. Investigaciones para una nueva definición del metro…”.

Por su parte, Villena ha señalado que durante la estancia y colaboración de Otero con el CIPM “… se tomaron las grandes decisiones que cambiaron el antiguo sistema de Pesas y Medidas, basado en tradiciones y en prototipos materiales, en un auténtico Sistema Internacional (SI) con unidades básicas definidas y realizadas físicamente”. El mismo año de fallecimiento, 1983, se aprobó la nueva definición del metro basada en el valor del segundo de acuerdo a las propuestas realizadas por el Comité Consultivo para la Definición del Metro que Otero había presidido hasta que su salud se lo impidió. El mérito incuestionable de Otero en este punto fue reconocido por Villena en una carta dirigida al Diario Ya poco tiempo después de su fallecimiento:

“En esta labor contribuyó muy eficazmente nuestro compatriota José María Otero, recientemente fallecido, primero como vocal del Comité Internacional de Pesas y Medidas, luego como vicepresidente encargado de la nueva definición del segundo y, finalmente, como presidente del Comité y del grupo encargado de la nueva definición del metro. Así se abandonó el segundo «astronómico» a favor del segundo «físico». Y así se ha aprobado, ahora, el nuevo metro con una mayor precisión y sencillez, exigidas por el progreso de la tecnología, en especial por la astronáutica”.6

Como ya se ha comentado, Otero siempre intentó implicar a los físicos espanoles en las “tareas” metrológicas internacionales. Un ejemplo de ello fue la importante aportación que desde el Instituto de Óptica del CSIC se hizo para la consecución de la definición energética de la candela. O la amplia delegación espanola, con Otero al frente, que participó en la Conferencia de Metrología celebrada en Teddington en 1973. Allí no sólo se renovaron las bases para una más cercana colaboración europea en el ámbito metrológico, sino que, sobre todo, como senala Emilio Prieto, permitió impulsar ahora sí de manera decidida la alianza de las diferentes asociaciones y foros metrológicos españoles, tanto públicos como privados. Así, sólo un mes después se constituiría con esa finalidad el Comité de Metrología inserto en la Asociación Española para la Calidad. Este Comité sería presidido por Leonardo Villena,continuando así el legado de su amigo y maestro.

Hoy en día el Centro Español de Metrología, inaugurado por los Reyes de España en marzo de 1989, ha recogido con éxito el testigo cedido por José María Otero Navascués, uno de los grandes científicos españoles del siglo XX.

Notas
  1. En este sentido, cabe citar las siguientes disposiciones: Privilegio de D. Alonso el Sabio á favor de la Ciudad de Toledo, sobre igualación de pesos y medidas (Ordenamiento de Alcalá de 1348, tit. XXIV, ley unica, nota 1); o la Ley sobre en que manera deben ser las medidas è los pesos unos; et porque vara se midan los pannos, de Alfonso XI (Ordenamiento de Alcalá de 1348, tit. XXIV, ley unica). La Novísima Recopilación de las Leyes de España, de 15 de julio de 1805, recoge en su título IX, De los pesos y medidas, varias disposiciones aprobadas en los tres siglos anteriores: Igualdad de los pesos y medidas en todos los pueblos; y órden que se ha de observar en ellos. D. Felipe II en el Escorial por pragm. de 24 de Junio de 568 (Novísima Recopilación, tit. IX, ley I); Cumplimiento de las leyes insertas respectivas al uso de pesas y medidas; y pena de los contraventores. D. Juan II en Toledo año 1436 pet. I y 2, y en Madrigal año 438 pet. 12; y D. Fernando y Dª Isabel en Tortosa por pragm. de 496 (Novísima Recopilación, tit. IX, ley II); Modo de medir la sal, aceyte y otras especies por las medidas de Avila y Toledo. D. Juan II en Madrigal año 1438 pet. 12; y D. Felipe II en las Córtes de Madrid de 563 cap. 81 (Novísima Recopilación, tit. IX, ley III); Arreglo de pesos y medidas por los Corregidores y Justicias. D. Carlos I y Dª Juana en Madrid año 1534 pet. 62 (Novísima Recopilación, tit. IX, ley IV); e Igualacion de pesos y medidas para todo el Reyno por las normas que se expresan (Novísima Recopilación, tit. IX, ley V).
  2. Decreto de 24 de julio de 1953 por el que se nombra Vocal de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas a don José María Otero Navascués (BOE, núm. 212, del 31 de julio de 1953, pág. 4636).
  3. Comité International des Poids et Mesures, Procès-Verbaux des Séances, años 1954 a 1974. Son las Actas de las reuniones del Comité Internacional de Pesas y Medidas, trad. (Biblioteca del Centro Español de Metrología, CEM, en Tres Cantos, Madrid).
  4. Diario ABC, del 18 de octubre de 1968 (Ed. de Sevilla).
  5. “Un viaje científico a la Unión Soviética” (Artículo para la Revista Arbor enviado al Sr. Mohedano el 15 de enero de 1969, en Archivo de la Familia Otero Navascués).
  6. Carta de Leonardo Villena, presidente del Comité de Metrología de la AECC, al Diario Ya (octubre de 1983).
Bibliografía
  • PRIETO, E., Breve historia de la Metrología, en ww.cem.es/cem/es_ES/metrología/Historia.pdf
  • GRANADOS, C. E., Introducción a la historia de la Metrología, Madrid, 2007.
  • OFICINA INTERNACIONAL DE PESAS Y MEDIDAS, B.I.P.M., Resumen del Sistema Internacional de Unidades, SI, 2006.
  • VILLENA PARDO, L., “Experiencias de una apretada vida (Notas autobiográficas)”, en Leonardo Villena. Homenaje en su 75 aniversario, Madrid, 1992 .
  • ORTE LLEDÓ, A., “José Mª Otero en la Armada y en Metrología Internacional”, en Homenaje al Excmo. Sr. D. José Mª Otero de Navascués, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1983.
  • VILLENA PARDO, L., “José María Otero Navascués (1907-1983)”, en Óptica Pura y Aplicada, Madrid, 1984, vol. 17, págs. 1-12.
  • Memorias del Instituto de Óptica “Daza de Valdés”, año 1957, Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
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