HistoriaNúmero 4

El General Ibáñez e Ibáñez de Ibero, Marqués de Mulhacén

0

Emilio Prieto Esteban
Centro Español de Metrología

José Ángel Robles Carbonell
Centro Español de Metrología


El General Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero (Barcelona, 1825 – Niza, 1891), marqués de Mulhacén, fue el principal promotor español de la geodesia e inventor del ‘aparato Ibáñez’, también conocido como ‘regla española’, destinado a medir bases de triangulación geodésica, con el que se realizó, bajo su dirección, la medición de la base central de la triangulación geodésica de España, iniciada en Madridejos (Toledo), entre 1856 y 1859.

En lo que se refiere a la metrología, faceta en la que incide el presente artículo, sus trabajos y su visión de una metrología universal coordinada entre todas las naciones, jugaron un importantísimo papel en la creación de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM), siendo su primer presidente desde 1872 a 1891, y actuando como tal en 1875, con ocasión de la Conferencia diplomática internacional celebrada en Breteuil, convocada para establecer los primeros prototipos internacionales del metro y el kilogramo.

The General Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero (Barcelona, 1825 – Nice, 1891), Marquis of Mulhacén, was the main Spanish promoter of the Geodesy and inventor of the ‘ Ibáñez apparatus’ also known as ‘Spanish rule’ for measuring geodetic triangulation bases. Under his direction and using such apparatus it was measured between 1856 and 1859 the central base for the geodetic triangulation in Spain, initiated in Madridejos (Toledo).

Founder and first president of the International Geodetic Association, he was also the first Director of the Spanish Geographical Institute, established in 1870, position he held for nineteen years, and member and vice-president of the Royal Academy of Exact, Physical and Natural Sciences.

In regard to metrology, impinging facet on this article, their works and his vision of a universal and coordinated metrology between all nations played an important role in the establishment of the International Office for Weights and Measures (BIPM), being also its first president since 1872 to 1891 and acting as so in 1875 as occasion of the International Diplomatic Conference which took place in Breteuil, convened to establish the first international prototypes of metre and kilogram.

Las medidas han sido un tema de inquietud en todos los tiempos; la humanidad siempre ha necesitado medir, pesar y contar; es más, la capacidad del hombre para medir con exactitud ha sido tomada como indicación de su grado de civilización y de poder, llegándose a la convicción de que esta materia es un imperativo para el progreso de la sociedad. La metrología, como rama de la ciencia transversal a otras ramas, cautiva y absorbe a todo aquel que se acerca a ella con espíritu investigador y ávido de conocimiento.

Podemos aventurarnos a decir que la metrología moderna y de precisión, como ciencia, surge en el siglo XIX acompañada de la Geodesia y tiene sus antecedentes más inmediatos en los esfuerzos científicos que condujeron a la determinación de la redondez de la Tierra y a la medición del arco de meridiano en el siglo XVIII.

La Convención del Metro marcó un hito en el desarrollo de la metrología y en ella jugó un papel muy destacado un ilustre científico y estadista español, el General Ibáñez e Ibáñez de Ibero, quien llegó a ser el primer presidente del Comité Internacional de Pesas y Medidas.

Según se recoge en sus biografías, gracias a las gestiones de Ibáñez de Ibero en el seno del Comité Permanente de la Comisión Internacional del Metro, el gobierno francés convocó a todos los países para la firma de un Convenio Diplomático del Metro en 1875. Con la ratificación de este convenio, los países firmantes, entre los que se encontraba España, se comprometían a sostener una Oficina Internacional de Pesas y Medidas y a colaborar en el desarrollo del sistema métrico.

Este hecho estaba completamente en línea con la visión universal que defendía Ibáñez para tener una medida universal internacionalmente aceptada. Así, en su respuesta al discurso de ingreso de Joaquín Barraquer en la Academia de Ciencias, decía “… el medio de tener una medida universal, consiste en construir una Asociación de todas las naciones que quieran adoptarla, preparar una medida que por la materia de que esté constituida sea lo más resistente a la acción de los agentes naturales, y por su forma y definición se halle exenta de alteraciones en el uso; conservarla esmeradamente entre todos los interesados; rodearla de testigos representados por modelos lineales de idéntica materia, … compararla periódicamente, ….distribuir a los Gobiernos interesados ejemplares auténticos que defieran muy poco del prototipo internacional y cuyas diferencias estén escrupulosamente determinadas

D. Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero, militar español, fue un geodesta de talla internacional reconocida que impresionó a la geodesia europea por la exactitud de los resultados obtenidos al medir la base fundamental de la triangulación geodésica para el mapa de España, utilizando un instrumento de su invención, diseñado por él mismo junto a Frutos Saavedra, llamado “Regla Española”. La “Regla Española”, se construyó en París por los hermanos Brünner, Emil y Otto, entre 1853 y 1855. De cuatro metros, era de platino y latón, y su precisión era bastante superior a las reglas geodésicas de la época. En 1859, Ibáñez publicó una descripción de la “regla española” en su obra titulada Experiencias hechas con el aparato de medir bases perteneciente a la Comisión del Mapa de España. Dada su exactitud hubo bastantes peticiones para compararse con ella estando documentadas las comparaciones con la yarda inglesa Y55, con el metro de Froment, de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas española y con la regla geodésica del gobierno de Egipto. En 1870 fue solicitada por el gobierno suizo para medir con ella la base de Aarberg. Posteriormente, en 1881, fue solicitada de nuevo para la medida de las bases de Bellinzona y Weeinfelde.

Regla española, en las antiguas dependencias del “Salón histórico” del Instituto Geográfico y Catastral.Ilustración del álbum conmemorativo del primer centenario de la Comisión Permanente de Pesas y Medidas, Julio 1949.

Una vez introducido nuestro protagonista en el contexto de su papel histórico en la metrología, conviene que demos un breve perfil biográfico de tan insigne figura, antes de seguir adelante con sus tareas y trabajos en el Comité Internacional de Pesas y Medidas.

Breve perfil biográfico

Nació en Barcelona el 14 de abril de 1825. Su padre, D. Martín de Ibáñez de Ibero y de Prado fue militar y matemático. Siguiendo la tradición familiar, ingresó en 1838 en la Academia de Ingenieros del Ejército de Guadalajara formándose en disciplinas militares y científicas que luego le serían fundamentales para el desarrollo de su actividad. Llegó al rango de General de División y fue el principal promotor español de la geodesia.

En 1853 fue elegido miembro de la comisión que acababa de crearse para la elaboración de un mapa general de España. Con este motivo, Ibáñez proyectó y dirigió la construcción de un instrumento para medir bases geodésicas conocido como “regla española” (también como “aparato Ibáñez”). Ibáñez dirigió la medición de la base central de la triangulación geodésica de España, en la provincia de Toledo, cerca de Madridejos. Gracias al instrumento arriba citado, en esta operación se logró obtener un error probable de sólo 1,72 10-7 de la longitud medida, frente al error de 8,33 10-7 alcanzado hasta entonces.

D. Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero.Exposición permanente de pesas y medidas del CEM

En 1861, Ibáñez fue elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En el acto de recepción, celebrado en 1863, leyó un discurso sobre el “Origen y progresos de los instrumentos de astronomía y geodesia

En 1866 el gobierno Español lo comisionó para que asistiera a la reunión de geodestas que se celebró en Neuchâtel, en la cual ofreció la colaboración de España para efectuar la medición de un arco de meridiano en la Europa central, y propuso la remedición y prolongación de otro arco occidental, más amplio todavía, limitado al norte por Escocia y las islas Shetland, y al sur por el desierto del Sáhara, propuesta que fue aceptada.

Poco después, la primitiva asociación de geodestas se convirtió en la Asociación Geodésica Internacional para la Medición de Arcos de Meridiano y de Paralelos en Europa, fundador de la cual fue el propio Ibáñez que ocuparía luego la presidencia durante seis candidaturas sucesivas, hasta su muerte.

En 1870, Ibáñez fue nombrado subdirector, segundo jefe de la Dirección General de Estadística y delegado permanente de España ante la Asociación Geodésica Internacional. Este mismo año fue nombrado también delegado en la Comisión encargada de determinar el metro y el kilogramo internacionales.

El año 1870 fue un periodo de gran actividad para Ibáñez. El gobierno de España creó el Instituto Geográfico y Estadístico adoptando el proyecto presentado por Ibáñez y se le nombró Director del mismo. Ibáñez desempeñó este puesto durante diecinueve años, dedicándole gran parte de su actividad y creando los cuerpos de ingenieros geógrafos, de topógrafos y de estadística. Una de las obras principales de este Instituto fue la elaboración y publicación de un mapa topográfico de España en escala 1:50.000.

En 1872, la Comisión Internacional del Metro constituyó un comité permanente que, tras muchas dificultades, consiguió vencer las susceptibilidades de algunas naciones y reunir al fin en Breteuil en 1875, la Conferencia Diplomática del Metro, que fue presidida por Ibáñez. De esta Conferencia surgió el Comité Internacional de Pesas y Medidas, cuya presidencia se encomendó también a Ibáñez (1875 – 1892) y la Oficina Internacional de Pesas y Medidas, como laboratorio permanente para desarrollar y mantener los prototipos internacionales.

Una de sus más destacadas actuaciones como geodesta fue la unión geodésica y astronómica de España y África, realizada por iniciativa suya en 1879. El mayor de los arcos de meridiano proyectados, ya citado antes, debía partir de las islas Shetland, al norte de Escocia, y terminar en el Sáhara. La medición se hallaba interrumpida en una extensión de 270 kilómetros porque las tentativas de enlazar las triangulaciones de ambos continentes, Europa y África, no habían dado resultado satisfactorio hasta entonces. Ibáñez consiguió que el Gobierno francés enviase una comisión a Argelia, a la vez que él mandaba otra a las sierras andaluzas, de la cual nombró jefe a Joaquín Barraquer y Rovira. Finalmente se consiguió el enlace geodésico entre los picos de Mulhacén, en España, y Filhaoussen, en Argelia, así como el enlace astronómico entre los picos de Tetica y M’Sabiha. El error de cierre de los triángulos fue del orden de un segundo de arco y la diferencia de longitud entre M’Sabiha y Tetica resultó ser de 6′ 15”, con un error inferior a una centésima de segundo de arco. En 1889, la Academia de Ciencias de París, de la que Ibáñez era miembro desde 1885, le otorgó el premio Poncelet por esta operación y por la precisión alcanzada en la misma. Asimismo, en especial por este trabajo y en recompensa por sus trabajos científicos, ese mismo año, la Reina Regente de España, María Cristina, le otorgaba el título de Marqués de Mulhacén:

Desando dar una señalada prueba de Mi Real Aprecio al Mariscal de Campo D. Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero por los relevantes méritos centrados en su larga carrera organizando y dirigiendo con singular acierto el Instituto Geográfico y Estadístico, enalteciendo a la Nación ante las demás de Europa y América, por haber merecido de sus Delegados oficiales ocupar, en elecciones sucesivas desde hace quince años la Presidencia de la Asociación Geodésica Internacional y la de la Comisión de pesas y medidas; vistas las elevadas calificaciones que de sus trabajos han hecho Corporaciones científicas y los Jurados de varios certámenes internacionales; a propuesta del Ministerio de Fomento y de acuerdo con el Consejo de Ministro (sic), en nombre de Mi Augusto Hijo el Rey Don Alfonso y como Reina Regente del Reino, Vengo en hacerle merced de Título del Reino, con la denominación de Marqués de Mulhacén, para sí, sus hijos y sucesores legítimos. Dado en Palacio a siete de Febrero de mil ochocientos ochenta y nueve.

Para terminar esta breve reseña y resaltar aún más si cabe su trayectoria y reconocimiento internacional, cabe mencionar que fue miembro de las Academias de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales de Madrid y Francia como ya se ha mencionado, y de las de Alemania, Bélgica Argentina y Egipto. Además se hallaba en posesión de la Cruz de San Fernando, de la Cruz de San Hermenegildo, de las Encomiendas de Carlos III y de Isabel la Católica, y de la insignia del Águila Roja de Prusia, entre otras numerosas condecoraciones nacionales y extranjeras.

En 1889 renunció a la dirección del Instituto Geográfico, no queriendo aceptar el control económico sobre su presupuesto, común a todos los organismos oficiales, que por primera vez le imponía el ministro de Fomento, conde de Xiquena y marchó a Niza. Ibáñez murió en Niza un 28 de enero de 1891, afligido por su salud quebrada y sintiéndose olvidado. Tenía sesenta y cinco años. En su sepelio recibió los honores de General con mando en Plaza siendo su entierro sufragado por el Ministerio de la Guerra.

Volvamos ahora a la labor de Ibáñez en el Comité permanente de la Comisión Internacional del Metro y su aportación a la creación de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas como órgano internacional de armonización de la metrología y herramienta clave para el desarrollo del actual Sistema Internacional de Unidades.

Visionario de la metrología universal coordinada

España se adelantó veinticinco años a las demás naciones en el establecimiento del sistema métrico decimal, siendo declarado obligatorio por ley de 19 de julio de 1849, y sus patrones y equivalencias a los nuevos patrones se publicaron en la Gaceta de Madrid el 28 de diciembre de 1852. Sin embargo al realizar las comparaciones de sus prototipos con los internacionales se detectó que la precisión que la ciencia moderna exigía en los estudios metrológico—geodésicos era incompatible con el material de que estaban fabricados el metro y el kilogramo de los Archivos de Francia, y singularmente, con el estado en que se hallaban los cantos que definían la longitud del metro. A la vista de estos problemas surgió la idea de celebrar una conferencia que adoptase las medidas correctas y solventase las dificultades que continuamente se presentaban. En 1870, el gobierno español nombra a Ibáñez delegado de nuestro país en la Comisión encargada de determinar el metro y el kilogramo internacionales.

Ya desde el primer momento en que se le nombró representante español en la Comisión Internacional del Metro, en 1870, destacó y fue muy activo, y así lo evidencian las referencias que sobre Ibáñez remite el embajador en París:
.. por alguno de mis colegas que pertenecían a la misma Junta tuve la satisfacción de saber que el Sr. Ibáñez se distinguió extraordinariamente en la primera comisión para la que fue elegido y como sucede siempre en semejantes casos, viendo su competencia y laboriosidad se le nombró para las comisiones más importantes y más difíciles. Redunda esto en honor de su reputación científica, pero el haber sido elegido para el Comité Permanente y haber sido el único que lo ha sido por unanimidad, ….. Mas no ha sido este el mayor honor que nos ha proporcionado la representación que nos dió el Sr. Ibáñez, sino el de haber sido elegido por aclamación Presidente del Comité Permanente que se compone de representantes de las naciones más importantes de Europa, América y de personas de una gran reputación científica”
Conocedor de los problemas existentes en la geodesia, relacionados con la falta de coherencia y unificación de las medidas, Ibáñez defendía la necesidad de construir una Asociación de todas las naciones, que estableciera y mantuviese unos patrones de medida universales y aceptados internacionalmente. No en vano el tema del metro fue planteado por la Asociación geodésica internacional, que presidía Ibáñez, para la medición de grados en Europa, a causa de la imposibilidad que se tenía para conectar entre sí los arcos de Meridiano y de Paralelo medidos por las diversas naciones, y expresados cada uno en función de diferente unidad lineal. Una de las primeras decisiones fue que los Gobiernos, antes de enviar sus respectivos trabajos geodésicos, los mandasen reducir a una medida común, y al elegir esta medida, teniendo en cuenta que entre todas las adoptadas por las diferentes naciones, el metro reunía la mayor probabilidad de ser aceptado generalmente, se decidió por la adopción del sistema métrico.

El Comité Permanente que presidió Ibáñez se enfrentó a los retos de estudiar y proponer:

  • el material que debía emplearse en la construcción del Metro prototipo internacional.
  • la forma más conveniente de los patrones de longitud.
  • la manera de comparar el Metro prototipo internacional con el de los Archivos de Francia.
  • el comparador y métodos que después hubieran de usarse para determinar las longitudes de las diferentes copias.
  • la manera de conservar los prototipos de longitud, y de asegurarse periódicamente de su estado.

La contribución de Ibáñez en todos estos trabajos científicos preparatorios fue notable; entre otras se le atribuye directamente la determinación del coeficiente de dilatación del metro de platino de los Archivos y la calibración de los termómetros de mercurio que habrían de servir para la puesta en práctica de las resoluciones del Comité Internacional.

Sus gestiones y contactos con representantes del gobierno francés y de otros países europeos a favor de la convocatoria del Convenio Diplomático del 1875 para la creación de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas fueron decisivos. Según consta en la documentación diplomática, existían sospechas de presiones al gobierno francés desde el Conservatoire des Arts et Métiers para que no se llevará a término, o se retrasará, la creación de una Oficina Internacional según se había acordado y redactado en resolución por la Comisión Internacional del Metro, según parece por velados temores de que les podría mermar protagonismo y la autoridad que ellos ejercían en esas materias.

Por otra parte, con el transcurrir del tiempo, varios de los países participantes en las reuniones de 1872 habían reconsiderado su participación debido a determinadas susceptibilidades en cuanto a organización, neutralidad e independencia de la propuesta Oficina Internacional de Pesas y Medidas, o a cómo se realizaría el establecimiento de la unidad de medida con carácter universal y el material en que habían de construirse los prototipos, por lo que habían condicionado el pedido de sus metros y kilogramos, según se había acordado en las reuniones de 1872, a la creación de la Oficina Internacional. Tal situación se describe en el despacho al Gobierno del Embajador de España en París, Sr Molíns:

En diversos despachos he ido dando cuenta á V.E. de la tramitación, que ha llevado la conferencia diplomática de pesas y medidas desde su primera reunión, y creo que hoy que está definitivamente resuelto el objeto que la motivó, no estará demás que envie á V.E. una ligera reseña de los pasos que ha seguido este asunto. =La organización internacional propuesta en 1872 por la Comisión del metro, formada de delegados científicos de los Gobiernos interesados, no se llevó a cabo en todas sus partes y precisamente la más esencial, la clave del sistema, que era la creación de la oficina internacional de pesas y medidas, costeada y administrada por todos los Gobiernos, quedó por completo abandonada. Todos los esfuerzos que había hecho llevar á buen fin el objeto que el Gobierno de Madrid se propuso al confiar este delicado asunto al Brigadier Don Carlos Ibáñez, cuyo incansable amor a las ciencias le ha hecho abandonar en diversas ocasiones su país para lograr su propósito. En vano trabajó aquí con los hombres facultativos en el Conservatorio de “Arts et Metiers”, en vano se asoció con los sabios extrangeros para persuadirles de las ventajas que la tal oficina habria de proporcionar á todas las Potencias; sus esfuerzos se estrellaron contra la fuerza, que naturalmente habian de ejercer en este pais las gentes del Conservatorio, que verian escaparseles de la mano la autoridad que ellos ejercían en estas materias. Mas no se hicieron esperar largo tiempo los resultados de haber desaparecido un conjunto armonico y detenidamente elaborado; las grandes naciones del continente europeo se abstuvieron de hacer los pedidos de metros y de kilogramos, hasta tanto se hubiera creado la oficina internacional proyectada; sus delegados cientificos no acudieron a las convocatorias del Presidente, notificando, de órden de sus respectivos Gobiernos, que no tomarian parte alguna en los trabajos de la comisión, hasta tanto hubiera tenido lugar la creacion de la oficina mencionada. =La Presidencia del Comité permanente, que el Delegado español ocupaba desde su origen en 1872, se encontró ya en 1873 en una situacion grave de las naciones continentales; mas interesadas todavia en la cuestion bajo el punto de vista geodésico, estaban retraídas de la accion comun, la Alemania, el Austria—Hungría, la Italia, la Rusia y la Suiza; los acuerdos del Comité, aunque legales, carecían por lo tanto de la fuerza moral y científica suficiente para llevar a feliz término los vastos trabajos de observacion y de cálculo encomendados al Comité; carecia este de los recursos necesarios y en fin, todo contribuía á debilitar la representacion internacional de la Asociacion, que era el Comité permanente compuesto de doce Delegados elegidos por los de todas las naciones asociadas. A este estado habían llegado las cosas y tal era la falta de inteligencia de la Comision que sus trabajos concluyeron por dar apenas resultado, cuando el activo e inteligente Delegado español, que conocia a fondo las opiniones de sus colegas y la influencia que sobre ellos podia ejercer en un momento dado, presentó una proposicion que fué aprobada por unanimidad, pidiendo al Gobierno francés que convocase una conferencia diplomática llamada á resolver definitivamente la organizacion que conviniera dar á todos los trabajos relativos á los nuevos tipos del metro y del kilogramo. Cuando un año despues se reunió el Comité obedeciendo á un precepto reglamentario, se dió cuenta de que el Gobierno Francés no había convocado la Conferencia diplomática, habiendose concretado tan solo á preguntar a los diversos Gobiernos, si estaban dispuestos a hacerse representar en ella. —Una vez mas el Comisionado dió pruebas de la fé que le animaba y sin descorazonarse por las muchas dificultades que se le ofrecían a cada paso, presentó una nueva proposicion pidiendo al Gobierno francés la convocatoria, en breve plazo, de la citada conferencia diplomática, añadiendo que el Comité se abstendria de reunirse hasta tanto que aquella hubiera tenido lugar. Sea que el Gobierno francés viese la posibilidad de que, si se negaba á dar este paso, la Comision pudiera llevar la reunion de sus sesiones á otra capital, sea que no quisiera perder la influencia que la reunían en Paris habia naturalmente de dar á la Francia, es lo cierto que esta segunda proposicion, aprobada por el Comité permanente en octubre de 1874, y comunicada al Duque de Decazes por el mismo Brigadier Ibáñez, quien como ya he dicho, era Presidente de aquel Comité, dió por resultado la reunion de la Conferencia, cuyos acuerdos han de ejercer poderosa influencia en esta obra científica y de civilizacion. Aquella se reunio por vez primera en 1~ de Marzo, y despues de pocas sesiones se firmó anteayer 20 por 17 Estados, el tratado, del que tengo la honra de remitir á V.E. adjunto el ejemplar que acabo de recibir. No debo concluir este Despacho sin manifestar á V.E. el celo, actividad é inteligencia con que el Plenipotenciario Brigadier Don Carlos Ibáñez ha trabajado desde su origen para dar cima á este importante asunto, el tacto y cordialidad con que siempre ha tratado Y a veces conseguido atraer á sus ideas los Delegados morosos de las otras Potencias interesadas hasta conseguir el triunfo de las instrucciones que en Febrero último nos comunicó á él y a mi el Gobierno sobre la persona del Señor Brigadier Ibáñez y del buen concepto de que goza entre sus colegas, me refiero á la eleccion, que últimamente hicieron estos, nombrandole Presidente del Comité internacional por unanimidad, eleccion que comuniqué al Gobierno por telégrafo y V.E. autorizó para que aceptase. —Ruego á V.E. que si lo cree conveniente, se sirva dar conocimiento de este despacho al Señor Ministro de la Guerra para que conste en la hoja de servicios del Brigadier Ibáñez, y al Señor Ministro de Fomento, por depender el Delegado de aquel Ministerio como Director del Instituto geografico y estadistico,”

Vemos cómo Ibáñez se dirigió varias veces al gobierno francés reclamando que se convocase con urgencia a todos los países signatarios de la Comisión Internacional del Metro, a un Convenio Diplomático en París, bajo la amenaza de que, en caso de no hacerlo, su influencia sobre los restantes países podría hacer que dicha convocatoria se realizase en otra capital europea e incluso llegaron a aprobar en el propio Comité la decisión de no reunirse hasta que fuese convocada la Conferencia Diplomática.

Finalmente se convocó a los países y las reuniones se llevaron a cabo entre marzo y mayo de 1875 posibilitando la firma del Convenio Diplomático del Metro. El 20 de mayo de 1875 pasaría a la historia del sistema métrico como la fecha de la firma del Convenio Diplomático por 17 países, entre ellos España. Actualmente el Convenio sigue en vigor y ha sido firmado a fecha de febrero de 2013 por 55 Estados.

El Convenio creó la Oficina de Pesas y Medidas con sede en terreno cedido por el gobierno francés en el Parque de Saint Cloud, Sèvres, París, y el Comité Internacional de Pesas y Medidas, nombrando a Ibáñez como primer presidente del mismo. La primera tarea del Comité sería dirigir los trabajos para la fabricación de los nuevos prototipos y la construcción de lo que serían los Laboratorios de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas en el Pabellón de Breteuil.

La Gaceta de Madrid del 9 de enero de 1876 recoge el “convenio firmado en París el 20 de mayo de 1875, para asegurar la unificación internacional y el perfeccionamiento del sistema métrico”.

El reconocimiento hacia Ibáñez, en aquellos días, era unánime. Enterado el rey Alfonso XII de sus méritos y triunfos fuera de nuestras fronteras, le hace llegar, a través del Ministro de Estado, su complacencia por sus gestiones diplomáticas y le da las gracias por el notable acierto con que desempeñaba tan elevados cargos científicos internacionales y por la altura en que había dejado el nombre de España.

Telegrama del Sr. Molins, embajador en París, a las autoridades españolas, informando de la firma del Tratado Internacional del Metro por diecisiete países, entre ellos España. (Archivos del CEM).

El Instituto de Francia, en la sesión del día 27 de agosto 1885, lo eligió por unanimidad miembro correspondiente de la Academia de Ciencias. También las altas autoridades gubernamentales francesas, al igual que las científicas, le van a hacer patente su reconocimiento y por Diploma del 11 de noviembre de 1885, el Presidente de la República francesa lo nombra Gran Oficial de la Orden Nacional de la Legión de Honor, a propuesta del Sr. Ministro de Negocios Extranjeros, en justo aprecio por los servicios prestados para la adopción del sistema métrico.

Una vez constituido el Comité Internacional de Pesas y Medidas y la Oficina, la labor no fue fácil, ya que las tensiones de algunos países y colegas científicos se mantenían. Ese era el caso de los franceses, entre otros, que seguían luchando por mantener su hegemonía internacional en materia de metrología.

Ibáñez es en todo momento respaldado por el gobierno de España y buena prueba de ello es que cumple puntualmente todas las obligaciones diplomáticas firmadas, recibiendo en 1889 los nuevos prototipos del metro y del kilogramo, una vez comparados con los prototipos internacionales, y regularizará y adaptará su legislación metrológica de acuerdo a las resoluciones internacionales.

La metrología nacional era competencia directa del Instituto Geográfico, del cual Ibáñez era director y así lo recogía el Decreto de 27 de septiembre de 1870 por el que se aprueba el Reglamento para el servicio del Instituto geográfico. En su artículo 1 se definen los trabajos geodésicos, topográficos y metrológicos que se ejecutarían. En cuanto a los aspectos de la metrología se decía:

“…Determinación y conservación de los nuevos tipos del metro y del kilogramo, cooperando a la ejecución del convenio internacional de pesas y medidas. Comparaciones de estos tipos con los que de ellos se deriven para los usos científicos, y determinación de los coeficientes de dilatación lineal de los cuerpos empleados en la Metrología, …”

A finales de 1878 (20 de diciembre) se le asigna al Instituto, por Real Decreto, un nuevo cometido, el servicio general de pesas y medidas en todas las provincias de España, con la colaboración de la Comisión permanente que trataba esos temas. El objetivo era enlazar las unidades usuales en la agricultura, en la industria y en el comercio con los tipos de la metrología de precisión del sistema legal que, desde la celebración de la Conferencia diplomática del Metro y la firma del Tratado internacional de 20 de mayo de 1875, estaban encomendados al Instituto Geográfico y Estadístico.

En 1879, el propio Ibañez llevó a París, para su contrastación frente a los prototipos internacionales provisionales (metros I1, I2 e I3 y kilogramos KI, KII y KIII fabricados por la casa Mattey de Londres), los patrones españoles del metro y del kilogramo, de platino, construidos por Froment y depositados en la Comisión de Pesas y Medidas desde 1850. Estos prototipos fueron devueltos en 1885, después de haber participado en 15 comparaciones de gran precisión con diferentes kilogramos de la Oficina de Breteuil y con los patrones de Alemania, Austria, Noruega, Rusia y Suiza, todo lo cual dio al kilogramo español un valor científico, no solo comparable, sino superior a los futuros tipos que, debidamente sancionados, se distribuirían a las diferentes naciones de Europa y América. Los prototipos internacionales definitivos se presentaron en la 1ª Conferencia General de Pesas y Medidas, celebrada en los locales de la Oficina Internacional de Pesas y Medidas (BIPM) en el mes de septiembre de 1889, sorteándose entre los miembros el 28 de septiembre del referido mes las copias certificadas de los mismos, correspondiéndole a España los metros Nos. 17 y 24 y los kilogramos Nos. 3 y 24. La Comisión Permanente de Pesas y Medidas, presidida entonces por Don Francisco de Paula Arrillaga, se hizo cargo de su custodia en acto solemne ante el ministro de Fomento, Excmo. Sr. Don Aureliano Linares Rivas, el 4 de enero de 1892.

En el mes de diciembre de 1883 se publicó un opúsculo con el resumen de los trabajos hechos para la determinación del Metro y del Kilogramo internacionales desde julio de 1879 hasta la fecha de su publicación. En el referido documento Ibáñez indicaba:

“…en España se había adelantado mucho en el tema de pesas y medidas legales desde 1878 en que se encargó este servicio al Instituto Geográfico. Sin embargo, faltaba aún un largo camino por recorrer hasta el uso del sistema general en todas las transacciones mercantiles, aunque los municipios españoles tenían, en 1884, sus respectivas colecciones de tipos”.

Y así lo ha corroborado la historia reciente de nuestro país, donde la metrología, que estuvo al más alto nivel en los inicios de su edad moderna, no supo adaptarse a los tiempos y establecer las bases para su desarrollo, como sí fue el caso de otras grandes potencias que vieron su necesidad y fundaron instituciones que hoy son referentes en el panorama internacional. En el caso de España, hubo varios intentos para crear un laboratorio nacional, pero por motivos presupuestarios o de índole política, o incluso por intereses personales, fracasaron sucesivamente hasta la década de los ochenta en que se crea el Centro Español de Metrología. La creación del CEM ha supuesto un hito importante en la metrología española, aunque su concepción no respondía exactamente a la idea de Laboratorio Nacional, al estilo de los primeramente creados en Alemania, Reino Unido o los Estados Unidos, quizá por su gestación tardía, condicionada por la entrada de España en la Unión Europea, o por el gran peso, nunca mejor dicho, de la metrología legal en su actividad que, posteriormente, en la década de los noventa, pasó a ser competencia de las Comunidades Autónomas. En cualquier caso, bastantes años más tarde del papel jugado por Ibáñez de Ibero, la metrología nacional ha logrado volver a la senda del progreso, orientándose hacia la componente científica y consolidando su posición a nivel internacional a través de sucesivos desarrollos y de los excelentes resultados obtenidos en las comparaciones internacionales, dotando al mismo tiempo de trazabilidad al resto de los niveles metrológicos nacionales. En paralelo, han vuelto a aparecer representantes españoles en los distintos Comités Consultivos del Comité Internacional de Pesas y Medidas.

Volviendo a la figura de Ibáñez, con ocasión de la inauguración en Madrid del monumento que se le dedicó en 1957, el representante de la Academia de Ciencias de París comentó: “ ... el mundo científico deberá siempre su reconocimiento al general Ibáñez de Ibero por su contribución, tan decisiva y extraordinaria para la realización en el siglo XIX de una institución de Pesas y Medidas, con su órgano ejecutivo, la Oficina Internacional

Asimismo, Julio Rey Pastor dice en 1925 “...Llegó a ser Ibáñez de Ibero, durante un tercio de siglo, la figura más destacada del mundo en el periodo heroico de la metrología, cuya trascendente obra internacional dirige y organiza con tanta competencia como habilidad… No fue sólo un especialista de la Ciencia, sino un obrero de la civilización universal; un precursor de la colaboración científica entre naciones con fines civilizadores; un esforzado paladín de la solidaridad humana...”

Hoy en día, en un mundo globalizado, con los medios de comunicación existentes, y acostumbrados al trabajo en equipos multidisciplinares e internacionales, la visión y la filosofía de una metrología universal coordinada de Ibañez se nos antoja elemental, siendo difícil poder concebir otro planteamiento, pero en el siglo XIX, la unificación de pesas y medidas significaba una pérdida de poder, de las prerrogativas y privilegios que algunos poderes e instituciones mantenían para sí.

Para terminar este artículo, que no ha sido más que una pequeña síntesis de una vida de entrega a la ciencia, y con una visión más centrada hacia la metrología, no hay mejor manera de resumir que con las palabras de Rodolfo Núñez de las Cuevas, exdirector del Instituto Geográfico, pronunciadas en el Seminario dedicado a “Militares y Marinos en la Real Sociedad Geográfica” en noviembre del 2003:

Carlos Ibáñez pertenece a ese escogido puñado de españoles que a lo largo de nuestra historia han brillado con luz propia. Puso su talento y actividad al servicio de ideales que defendió con energía y tesón, haciendo realidad proyectos casi utópicos, gracias a su enorme ilusión, constancia y firmeza de propósitos, todo ello unido a una gran preparación e inteligencia.

Cultivó muchas disciplinas encuadradas en lo que conocemos como ciencias de la tierra y destacó como militar, como científico y como hombre de empresa, ya que a su labor al frente de la Asociación Geodésica Internacional y del Comité Internacional de Pesas y Medidas hay que añadir la creación del Instituto Geográfico, en 1870, del que fue su primer Director General durante diecinueve años”.

REFERENCIAS
  • Comunicación del ministro de Estado al de Fomento del 23 de octubre de 1872. Biblioteca del CEM.
  • Asociación Geodésica Internacional y Comisión Internacional del Metro: Despacho del embajador en París al ministro de Estado del 7 de junio de 1875. Biblioteca del CEM.
  • Despacho número 388 de 22 de mayo de 1875, enviado por el embajador de S.M. en París al Ministro de Estado. Biblioteca del CEM.
  • SANS HUELIN, GARBAYO RIBOT. La Comisión Permanente de Pesas y Medidas. Resumen Histórico. Edición centenario 19 julio 1849 – 1949. Instituto Geográfico y Catastral. Biblioteca del CEM
  • REY PASTOR, J. (1925): El General Ibáñez de Ibero, cumbre de la geodesia moderna. La Nación. Buenos Aires.
  • PALADINI CUADRADO, A. (1991): El general Ibáñez: su personalidad militar y humana. Conmemoración del centenario del general Ibáñez e Ibáñez de Ibero. Historia de la Ciencia. Real Acad. Cienc. Exactas Fis. Nat. Madrid, 33-49.
  • HIRSCH, A. (1892): Le Général Ibáñez. Compt. Rend. Comm. Perm. Ass. Géodés. Inter. Oct.8-17.1891.Florence.
  • Mª CARMEN MARTÍNEZ UTESA. Ciencia y milicia en el S. XIX: El General Ibáñez e Ibáñez de Ibero. Tesis Doctoral. Junio 1995. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Historia Contemporánea.
  • JOSÉ V. AZNAR GARCÍA La unificación de los pesos y medidas en España durante el siglo XIX. Los proyectos para la reforma e introducción del sistema métrico decimal Tesis Doctoral. 1997. Universidad de Valencia. Departamento de Historia de la Ciencia y Documentación. Facultad de Ciencias Físicas.
  • ABC de Sevilla de 23/05/1957, páginas 11 y 13.
Sending
Puntuación del usuario
5 (1 voto)

El concepto de temperatura y su unidad de medida

Previous article

Determinación de la densidad del aire y de los efectos de adsorción-desorción en comparaciones de masa empleando el método gravimétrico

Next article

Comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Login/Sign up